La amargura de empezar desde cero
NACIONAL
El lodazal, los árboles caídos, las viviendas derribadas y la amargura de empezar desde cero son las consecuencias que dejó el poderoso huracán Irma en las provincias María Trinidad Sánchez y Samaná.
A pesar de encontrarse a más de cien millas de las costas de la zona nordeste de República Dominicana, Irma hizo lo que no lograron el ciclón David, en 1979, y el huracán Georges, en 1998: hacer que las olas del océano Atlántico derribaran aquellas casas del sector Boba, en Nagua, y en el centro de Samaná.
Los niños en pantaloncillos jugaban encima de la madera destrozada y de los muros derribados. Mientras que las mujeres cargaban las vestimentas estrujadas que se encontraban entre los escombros.
Los hombres sujetaban el hacha para cortar el zinc retorcido, algunos con escobas barrían los desechos y la arena acumulada que dejó el fuerte oleaje a su paso.
Autoridades de la gobernación y el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) de esta provincia estiman que alrededor de 150 casas quedaron entre parcialmente afectadas y destruidas en su totalidad.
Una comisión envíada por el presidente Danilo Medina recorrió varios puntos del país, entre las que se encontraba el sector Boba como una de las más afectadas.
La delegación estuvo conformada por el ministro de Defensa, teniente general Rubén Darío Paulino, el director de la Policía Nacional, mayor general Ney Aldrin Bautista, y la directora del Plan Social de la Presidencia, Iris Guaba.
Además, los Comedores Económicos entregaron miles de raciones preparadas y secas a los refugiados y otras personas que fueron afectadas por las inundaciones


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